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sábado, 16 de julio de 2011

La otra cara de las apuestas (1ª parte)

Sin duda, realizar apuestas, entraña una serie de riesgos evidentes (y otros no lo son tanto), que pueden hacer que nuestro dinero desaparezca con una extraordinaria rapidez.

Siempre que se realiza una apuesta se asume que existe cierta incertidumbre sobre el resultado del evento, algo que se refleja en las cuotas de cada partido. Pero, ¿qué ocurriría si un resultado estuviese amañado de antemano, sin depender de la actuación de los jugadores implicados durante el transcurso del partido? Pues esta es una situación más habitual de que lo que muchos piensan. Y, de hecho, no solo se produce en deportes o categorías de escaso seguimiento y repercusión, sino que es una práctica que también se da con cierta frecuencia en el deporte de élite
.
En muchas ocasiones es la mafia quien determina los resultados, para conseguir ingentes beneficios con estas apuestas “seguras”, como explica e ilustra el periodista Declan Hill en su libro Juego sucio. Fútbol y crimen organizado. Ligas de prestigio como la alemana o la italiana (donde se han producido investigaciones que han provocado numerosas detenciones), ligas menores como las de los países del este de Europa (donde, en Polonia por ejemplo, el número de partidos afectados se estima que puede llegar al 80%), e incluso el Mundial 2006 (donde la selección de Ghana centra la mayoría de las sospechas), son algunos de los casos documentados en este interesante libro.

Pero no solo la intervención de la mafia puede condicionar lo que suceda en un encuentro. Los equipos locales saben “homenajear” convenientemente a los integrantes del trío (o cuarteto o o sexteto o los que sean, porque ya se pierde la cuenta) arbitral. 
Aún recuerdo la queja de un árbitro español ante el delegado de la UEFA al encontrarse dos abrigos de visón al llegar a la habitación de su hotel (en la antigua Unión Soviética). Tal vez actuó así motivado por la decepción de no haber hallado a dos preciosas bellezas eslavas, de larga melena rubia y e intensa mirada azul, luciendo (por toda indumentaria) dichos prendas; o quizás, los dirigentes del equipo ruso no se informaron correctamente de las “preferencias”  del árbitro, y olvidaron enviar a un apuesto rubio para amenizar su estancia en aquellas frías tierras. Como diría el fallecido Jesús Gil y Gil (D.E.P.), si quieren caballo, se les da caballo, y si quieren yegua,…yegua. 
Y cuando los árbitros del otro lado del telón de acero viajaban a la zona occidental, los Grandes Almacenes (de la ciudad del equipo local) recibían con los brazos abiertos a tan ilustres visitantes; alguno de ellos dejó un gratísimo recuerdo en El Corte Inglés.

Además de los “sobornos” de la mafia y la “generosidad” de los equipos anfitriones, la incidencia directa y (casi) definitiva de un resultado, en los intereses de terceros equipos ajenos al partido, pueden llevar a éstos a “incentivar” a alguno de los participantes en el encuentro. Por lo que siempre hay que estudiar bien las clasificaciones, y ver qué puede implicar cada resultado.

También podríamos incluir en estos supuestos de resultados conocidos de antemano, una cuarta categoría en la que no se puede hablar propiamente de amaño, sino más bien de coincidencia de intereses. Hay partidos en los que un resultado concreto (generalmente el empate) satisface a ambos equipos, lo que suele provocar que, de manera natural y sin motivaciones externas, éste sea el marcador final. Este es el supuesto menos censurable, y el más “predecible” si se apuesta en eventos de ligas conocidas, pero que puede ocasionarnos importantes pérdidas si probamos suerte en competiciones de las que no disponemos de información suficiente.

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